Paseando por Madrid
"Cuando se multiplican los trabajos, los encuentros; cuando las urgencias interrumpen la actividad cotidiana, Cristo, el Resucitado, te ofrece el apoyo más sorprendente. A cualquier edad, hay en nosotros una llamada interior a apoyarnos en él."
Hermano Roger, de Taizé, "En ti la Paz - Meditaciones para cada día del año"
Más que una vez me han dicho que todas las musicas portuguesas tenían la palabra "coração". Que una música, para ser portuguesa, tenía que poner "coração" en alguna parte. No supe nunca justificarlo. Puede que sea porque nosotros, los portugueses, somos bastantes ensimismados. Seremos acogedores y tal, pero muy cerrados hacía dentro en nuestra soledad. Puede que sea por eso...
Hoy me di cuenta que hay un montón de musicas españolas que hablan de volar. Hablan de alas, del cielo, de vuelos, de sueños. Y es cierto, porque vosotros españoles sois bastante soñadores, en el buen sentido de la palabra. Os gusta soñar. Y sonreír. Sonreís un montón. Recibis a las personas con vuestras alas bien abiertas y vuestra sonrisa más grande en la cara. Pero, a la vez, sois profundos. En vuestras sonrisas. En vuestros sueños. En vuestra oración. Volais auténticamente cuando rezais. Y vuestra cercanía para con Dios tiene que tener algo que ver con eso...
Hoy Dios me ha dado un regalazo enorme. Hoy Dios me ha permitido volar. Volar sobre Madrid. Volar sobre esa ciudad que tanto me acogió en cada día de los diez meses que estube ahí. Lo he visto todo. El Santu, mi casa, la iglesia de las oraciones de Taizé, Vallecas, la Plaza de España y Opera, donde repartíamos bocatas, el recorrido desde el Santu hasta mi casa, la Castellana, Atocha. Lo he visto todo. No podía ver fisicamente a la gente. Pero veía a cada persona al cerrar los ojos. Una aqui. Otra al cruzar la esquina. Otra allá. Os he visto a todos. Cada uno en su lugar. Y con cada persona veía a un momento. Un sandy, una oración, una comida, una charla, un rato de estudio, un paseo, un abrazo, una sonrisa, un trabajo, una lágrima, una lección. Lo he visto todo...
Y me he preguntado que quería Dios decirme con este regalo. Porque Dios lo sabe todo. Y sabe que regalos ofrecer a quien. Y si me lo ha dado hoy, alguna razón tenía. Y yo quería saberla. No siempre nos toca saberla. Por veces Dios quiere justo que no entendamos, sino que confiemos. Pero no esta vez. Esta vez quería que lo pensara.
Y no era difícil, en realidad...
Hace un anõ, hace tan sólo doce meses, la meditación con la que he empezado este texto no haría cualquier sentido para mi. Seria una meditación más. Bonita -preciosa, mejor dicho-, pero tan sólo una meditación. Es que en Madrid los trabajos no se multiplicaban. Tenía trabajos, igual que aqui. Pero ellos no se multiplicaban. Y las urgencias... En Madrid las urgencias eran las personas. Me lo han enseñado vosotros. Las urgencias eran las personas. Y no me lo han enseñado con vuestras palabras bonitas, sino con vuestras actitudes. Para con Dios. Unos para con los otros. Para conmigo. Las urgencias son las personas. Ellas, y sólo ellas, deben interrumpir las actividades cotidianas. Me parecería bastante saludable si así fuera. Y me lo han enseñado vosotros...
Un año ha pasado. Y mucha cosa ha cambiado. Los trabajos, el estudio, en Madrid me cansaban. Aqui me agobían. Me agotan. Y las personas ya no son las urgencias, sino una actividad cotidiana más... Y lo demás ya sabéis: si Dios está en cada persona y no tenemos tiempo para las personas que tenemos en nuestro alrededor, ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida? Sí María nos quiere enseñar a amar al Cristo que sigue viviendo en medio nuestro y nosotros no hacemos más que darle la espalda por lo tanto que tenemos que hacer, ¿quién es entoces María para nosotros?
Sí. Esto me ha preguntado Dios. Me llevó con Él a volar, por las maravillas de la informática, y a ver cada pedazo de Madrid que llevo en mi. Que guardo en mi como tesoro precioso. Y cuando vió que brillavan mis ojos al veros, cuando sentió que ardía mi corazón, me preguntó si quería ser como vosotros. Libre. Volador. Soñador. Teniendo en las personas mis urgencias. Apoyado en Cristo. Muy muy apoyado en Cristo. Como vosotros.
"Sí, Señor, quiero. Pero soy pequeño." Y me dijó que sí. Que soy pequeño, pero muy tonto. Que de los pequeños se han hecho todos los grandes. Que los grandes fueron grandes por ser pequeños. Que los santos son esos que de tan pequeños apenas Dios con su mirada pura los puede ver. Y antes de despedirse, mi dijo algo a través de los cascos que llevaba puestos:
"¡No creas en tus huellas! ¡No construyas más senderos! Confía en tus alas y vuela..."
Gracias, Señor, por dejar que sea tu hijo las alas que me dejan volar.
Gracias por dejar que sea tu Madre la que me enseña a volar.
Seré tuyo... en mi pequeñez...