segunda-feira, novembro 27, 2006

La comunidad se vuelve a juntar

"He dicho que éramos un grupo fantástico. Y sí. Lo somos. Y luego he dicho que éramos los 'más grandes', los 'mejores'. Hoy veo que no.
Desde el momento en el que vi áquel grupo de España... hm... La unidad que hay entre ellos supera a la de cualquier grupo de vida. No existen palabras. De hecho, 'la Fe se contagía por la envidia'. Hoy pongo los ojos en áquel pequeño, pero para mi grande, grupo que, unidos por Dios... son tan felices, alegres y bondadosos."


Querida Escuela,

con estas palabras -que hace poco me llegaron por mail- nos ha describido uno de "mis niños" que ahora conocéis. A lo mejor la traducción está un poco floja, pero os prometo que en portugués me puzo los pelos en punta.

Queridos hermanos, que alegría haberos tenido por aqui. Que alegría poder compartir mi ciudad, mi pueblo, mi vida con vosotros. Que felicidad sigo sentiendo en mi corazón, aunque ya os habeis ido hace más de 24 horas...

La verdad es que se me hacen cortas las palabras...

Como sabeis, en la Escuela he pasado de una preocupación casi doentia por el futuro de la Escuela a una despreocupación asustadora, confiando que la Mater lo arreglaria, bajo los ojos atentos del Padre. Pero nunca, en mi vida, creí realmente que seria posible este finde. Lo veía como algo que me haría mucha ilusión, pero que no podría pasar nunca...

Pero sí ha pasado. Y, como os he contado, de forma providencial habéis venido cuándo más os necesitaba. Cuando ya me faltaban las fuerzas, cuando ya tenia las pilas fracas y la desesperanza empezaba a ocupar un lugar demasiado importante...

Que ganas de poder hablar con vosotros y sentiros ahí, oyendome. Que ganas de volver a ver vuestros ojos atentos, a pesar del sueño y del gran viaje que os esperaba. Que bueno poder compartir lo que soy -lo pequeño y pobre y tonto que soy- con vosotros. Y que bueno saber que no soy uno, sino que doce que rezan por mi a todo rato...

Perdonadme. Porque seguramente podría haber preparado estos dos días mejor. Porque a lo mejor podría haber hablado, por ejemplo, con el jefe de Rama e insistido para que viniera. Porque, a lo mejor, nos he dado tiempo para dormir y fui egoísta en ese sentido.

Y gracias. Por vuestra venida. Por vuestra entrega. Por vuestro testimonio, en mi Parróquia, en mi casa, a los mios. Gracias por vuestra ilusión, esa que habeis dejado en todo lo que hicimos. Gracias de verdad por vuestras ganas de ser santos, de querer conquistar el mundo como caballeros, en nuestra pequeñez.

La frase de "la fe / el cristianismo se contagia por envidia" se ha quedado en la cabeza de quien me escribió ese mail. Y no puede ser más verdadera... Sigo cansado como antes. Los problemas que os he contado, pues siguen ahí, exactamente donde antes. Pero siento ahora dentro de mi una fuerza que no sentia antes. La fuerza de una comunidad que me sostiene, de una comunidad presente, de una comunidad de santos.

Cuidaos mucho, chicos. Cuidad los unos a los otros, como os intentaré cuidar yo desde aqui. Dijo Íñigo que por veces somos un poco brutos en el trato entre nosotros. Pues será una originalidad nuestra. Pero no podemos dejar que eso nos aparte en cuanto grupo y, sobre todo, no podemos dejar que eso nos aparte del Dios que es amor y que nos ha juntado y que sigue ahí para unirnos.

Gracias. Gracias. Gracias. Mil gracias por todo.

En breve ya me iré yo a Madrid. Pero volved pronto. Volved cuando queirais. Que todavía queda mucho de Lisboa por conocer. Y os seguiremos recibiendo aqui con los brazos abiertos.

Un abrazo muy muy fuerte.

Unidos en el Santuário,
Luis Oliveira

"En nuestra pequeñez, caballeros santos de María, grandes faros del Mundo!"
"Dá-me a espada, que para ti abrirei o Mundo!"

PD: Y a los que no venisteis, pues muchas gracias por la oración. No he hecho nada por este encuentro. Pero si todo ha salido tan fuerte y tan profundo, seguramente fue por teneros ahí rezando por que todo salira tan bien. Os hemos tenido muy presentes. Y os estoy tan agradecido cuanto a los que han venido...